
Cuentan que una vez hace mucho tiempo, muchísimo tiempo antes de que el hombre existiera, se reunieron en un lugar remoto de la tierra, todos los sentimientos y las cualidades humanas. Cuando el aburrimiento había bostezado por tercera vez, la improvisación les propuso:
-¡Vamos a jugar al escondite!.
La responsabilidad enseguida se negó, alegando que había que trabajar, pero sus quejas fueron calladas enseguida por el entusiasmo y la euforia, que terminaron por convencer a la duda e incluso a la apatía, a la que nunca interesaba nada. La locura fue la primera en ofrecerse para comenzar a contar y todos empezaron a esconderse. La fe subió al cielo y la envidia se escondió tras la sombra del triunfo, la generosidad casi no alcanzaba a esconderse, cada sitio que hallaba le parecía maravilloso para alguno de sus amigos, el egoísmo en cambio, encontró un sitio magnífico desde el principio, ventilado y cómodo, la pasión y el deseo se escondieron en el centro de los volcanes y el olvido,... el olvido no recuerdo donde se escondió. Cuando la locura contó un millón, todos se habían escondido ya, todos excepto la cobardía, que había preferido no arriesgarse, y la pereza que suspirando exclamó:
-¡¿Pero hemos empezado a jugar ya?¡.
-¡Por la cobardía y por la pereza, -gritó con fuerza la locura corriendo a buscar a los otros,- ¿Dónde estás sinceridad?.
-¡Aquí! -Contestó una leve voz.
-¡Por la sinceridad!.
El siguiente a encontrar fue el pesimismo que se hallaba detrás de una piedra diciendo -¡Me van a pillar, me van a pillar!-, la locura encontró también a la tristeza que se lamentaba -¡ Jo me han pillado¡-, y a la alegría que dando saltos decía -¡Qué bien me han encontrado-. De repente bajando corriendo por una colina uno chillaba:
-No os preocupéis yo os salvare, que yo puedo con todo,-no podía ser otro, el machismo.
La temeridad se encontraba en lo alto de un risco y la prudencia abajo le decía:
-¡Bájate de ahí que te vas a caer.
Así la locura encontró a todos, a todos menos al amor. Desesperado de buscar por todas partes pidió ayuda al resto, y es que hay que saber que es muy difícil encontrar el amor. Después de estar horas y horas buscando, la traición le dijo:
-¡Está escondido en ese rosal.
La locura cogió un palo y empezó a golpear, -¡venga amor sal ya-, y el amor no salía, cuando de repente, se oyó un chillido, el amor salió con las manos y los ojos llenos de sangre, se había quedado ciego. Desesperada y angustiada la locura suplicó e imploró y hasta prometió ser su lazarillo.
Y desde entonces, se dice que el amor es ciego y la locura siempre le acompaña...